Las velas de jelev (grasa animal prohibida) de la iglesia de Nahrayov


Página 96:b - “Quien roba un trozo de plata de su compañero”.


Según la ley de la Torá, quien roba un objeto debe devolvérselo al dueño y no puede cambiarlo por dinero mientras el objeto exista todavía.


En cambio, si después de ser robado se produce alguna transformación en el mismo, pasa a ser posesión del ladrón, kinián beshinuy (adquisición por alteración), y lo único que le deberá al ex-propietario es el equivalente en dinero.


No todo cambio que el ladrón le hace al objeto provoca que éste lo adquiera, sino sólo un cambió importante y/o esencial en él. Un ejemplo es el que menciona nuestra suguiá, donde el ladrón roba un trozo de plata con el que hace monedas. Este cambio es considerado un cambio esencial, a pesar de que uno podría fundir las monedas hasta que vuelvan a ser un trozo de plata. Y la razón es que su forma original y exacta nunca volverá. Y así establece el Shuljan Aruj, (Joshen Mishpat, 360:6). Los poskim aplicaron el principio que yace en esta halajá en un asunto completamente diferente: el uso de objetos julin (profanos) para que sirvan como utensilios de kedushá (tashmishé kedushá).


Donación de una funda para el Sefer Torá: El Agudá escribe en su obra acerca del tratado de Menajot (22:a-3), que alguien que desea donar una funda para el Sefer Torá, no puede fabricarla de una tela que sirvió para algo julin, tal como en el Bet Hamikdash no encendían el fuego del altar con árboles que fueron usados con propósitos julin. Y este din vale para todos los tashmishé kedushá (Ramá, en el Shuljan Aruj, Ohr HaJaiim, 147:1). No obstante, el Javot Yair (Shut, 161) escribe que si cortan esta tela y vuelven a coserla, ya no se considera la misma tela, sino que decimos panim jadashot bau lekan ("una cara nueva tenemos delante"). Y, siendo este el caso, está permitido coser con esta tela la funda (meil) de un Sefer Torá. El Maharshám miberezen (Shut, cuarta parte-46) se basa en lo dicho en nuestra suguiá para reforzar lo mencionado, de donde claramente vemos que un cambio radical de la forma de un objeto hace que éste adquiera un nuevo nombre, incluso que la materia prima permanece como estaba. Y así lo establece la Mishná Berurá (147, seif katán-13).


En su respuesta, el Maharshám indaga sobre la cuestión que presentamos a continuación, por la que le consultaron desde la ciudad de Naharayov: en el almacén de una iglesia quedó una importante cantidad de velas de jelev usadas. Uno de los judíos de la ciudad compró del cura una cantidad de este jelev, lo mezcló con otro jelev, fundió esta mezcla, y fabricó nuevas velas. Los rabinos de la ciudad no sabían exactamente qué hacer, si permitir su uso a la gente para nerot Shabat, debido a que este jelev había sido usado con propósitos julin. Y, como sabemos, encender las velas de Shabat es una mitzvá.


El Maharshám decidió que ya que los restos de este jelev fueron fundidos, panim jadashot bau lekan y está permitido su uso (ver allá, ya que explica por qué aquí no está la prohibición de usar utensilios que fueron usados para idolatría). En cambio el Jatam Sofer (Shut, Ohr HaJaiim, 42) escribe que quien es majmir en este asunto será bendecido.

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