Mohel al que le piden viajar a un sitio alejado


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Los padres de un recién nacido llamaron a cierto mohel yeré shamayim que vivía muy lejos, quien debido a lo dicho en nuestra suguiá, acerca de que el marido tiene el deber de alegrar su mujer, dudó cuál de las mitsvot debía dejar de hacer y cuál cumplir.


¿Debía dejar su casa e ir a cumplir la mitsvá de milá, o quedarse y cumplir con el precepto de alegrar a su esposa? El Jayé Adam analizó un caso semejante (clal 68:19), quedando en duda si alguien que vive en un sitio en el que no tienen shofar debe dejar su casa para en Rosh Hashaná poder estar en un sitio donde oírlo.


El Avné Nezer (O”J segunda sección, 392), que consideró el problema del mohel, indicó que éste debía quedarse en su casa y alegrar a su mujer. Y su razonamiento fue el siguiente: la mitsvá de milá no recae (lo jal) hasta la mañana del yom tov. La mitsvá de simjá, en cambio, recae no bien empieza la misma noche del yom tov. Y, por lo tanto, el mohel ha de cumplir la mitsvá de simjá, considerando que ella “viene” primero.


El Minjat Yitsjak (Shut, segunda parte, 75), en cambio, cita al Bet Shearim (O”J, 120), de cuyas palabras podemos deducir que la gran importancia de la mitsvá de milá exige al mohel dejar su casa e ir a practicar la milá. Pues, como sabemos, la mitsvá de milá tiene tal importancia, que incluso “desplaza” (dojá) ciertas prohibiciones de Shabat. Y, siendo así, hace sentido pensar que la mitsvá de milá también desplaza al precepto de simjá.

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