Un solo set de arbaat haminim para dos comunidades


En una comunidad de Italia cierta vez pasó que ninguno de sus miembros disponía de los arbaat haminim para la festividad de sucot (a pesar todos sus esfuerzos por contar con ellos).


Sin embargo, durante jol hamoed corrió el rumor de que los habitantes de la ciudad vecina (a unas 40 horas de camino) contaban con un set. Los miembros de la primera comunidad se apresuraron a enviar un mensajero que fuera a pedir los arbaat haminim, a fin de que también ellos pudieran –aunque fuera una vez– cumplir la mitsvá. Los miembros de la segunda comunidad dudaron: por un lado, considerando que durante la mayoría de la festividad ellos ya habían podido cumplir la mitsvá, quizá tenían el deber de entregar sus arbaat haminim a la otra comunidad, cuyos miembros no habían podido cumplirla ni en una sola oportunidad. La otra posibilidad era que quizá no estuvieran obligados ni –sobretodo– autorizados a entregar sus arbaat haminim, pues ello los privaría de cumplir con la mitsvá el último día (o los últimos).


La duda despertó discrepancias entre los jajamím de Italia, por lo que, finalmente, los arbaat haminim permanecieron donde estaban. El autor de la obra Mijtam Ledavid (O”J, 6) opinó que, en realidad, la segunda comunidad debía haberle cedido sus arbaat haminim a la primera, quienes no habían tenido la oportunidad de cumplir la mitsvá ni una sola vez. Para esto, el Mijtam Ledavid se basó en nuestra suguiá, donde se explica que si las posibilidades económicas de un padre sólo alcanzan para financiar un único maestro de Torá y, además, su hijo es más inteligente y capaz que él, deberá poner el profesor al servicio de su hijo (y no al suyo). Aquí vemos claramente que una persona que sabe que su compañero puede cumplir la mitsvá en un nivel más elevado que él mismo, debe posibilitarle cumplirla aunque él mismo la pierda. Y, por lo tanto, los habitantes de la primera ciudad, quienes aún no habían cumplido esa mitsvá, tenían prioridad sobre los de la segunda, quienes ya la habían cumplido.


No obstante, hubo varios poskim que discreparon con el planteo explicado, diciendo que de nuestra suguiá podemos deducir exactamente lo contrario. Puesto que únicamente en nuestro caso, donde el padre tiene el deber de enseñar a su hijo Torá, cuando le cede el maestro a un hijo que estudia mejor que él, consideramos que él mismo está estudiando. Pero si no fuera este el caso, la persona no podrá renunciar a cumplir una mitsvá cediéndole la posibilidad a su compañero para que éste pueda cumplirla (en lo que respecta al razonamiento del autor del Mijtam Ledavid, hay que señalar que la mitsvá de los arbaat haminim se “renueva” en cada uno de los días de la festividad, independientemente que haya sido o no cumplidael día anterior).

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