La amargura del dátil fue lo que decidió la kashrut del lulav


Casi no hay un sucot en el que no surja la clásica pregunta acerca del “lulav canario”.


Este lulav fue traído a Israel desde las Islas Canarias del Océano Atlántico, hace más de 100 años. Muchas de sus semillas fueron plantadas en la zona del Sharon, Yerushalayim para embellecer las ciudades. La discusión acerca de si este lulav sirve para cumplir la mitsvá de arbaat haminim es muy antigua. Distintos agrónomos y expertos dieron su opinión acerca de cuáles son los criterios para establecer si esta palmera pertenece a la familia de la palmera normal.


El libro Arbaat Haminim, donde el problema es explicado claramente, cita la opinión de quienes dijeron que al igual que hay manzanas con diferentes tipos y distintos gustos, y aún así la manzana es considerada una especie única, lo mismo pasa con la palmera Canaria, la que no difiere en absoluto de la común, a pesar de su fisonomía diferente. Sin embargo, también hubo quien argumentó que la palmera Canaria y la común no se parecen en absoluto.


También el Gaón Rabí Moshé Feinshtein zts”l fue consultado (Shut Iguerot Moshé, Ohr HaJaiim, cuarta parte 23), quien terminantemente dictaminó que ni siquiera bediavad estev lulav es casher para berajá. El Rab Feinshtein se basó en lo dicho en nuestra suguiá, que un cambio externo en la estructura del ganso salvaje, como por ejemplo que su cuello es más largo, no fue lo que determinó que se le considerara de otra especie, lo que simplemente puede obedecer al haber crecido en un hábitat distinto. Pero el cambio anatómico, de que el ganso doméstico pone varios huevos de un golpe y el salvaje uno por vez, siendo que sabemos que el segundo huevo no se crea hasta que el primero está ya afuera, es un indicativo que estas dos aves son de dos tipos diferentes.

Si seguimos la historia de este lulav canario, dice Rabí Moshé Feinshtein, nos daremos cuenta que un sinfín de intentos para suavizar el gusto del fruto de esta palmera, el dátil, no tuvieron ningún éxito y no lograron quitarle el gusto tan amargo que tiene, a diferencia del dátil de un palmero normal que es famoso por su dulzura. Esto nos hace llegar a la conclusión de que no podemos decir que la amargura de la palmera Canaria depende del cambio del clima o cosas semejantes, ya que ni en su tierra original produce dátiles dulces. Por lo tanto, la palmera Canaria difiere totalmente de la palmera común, y no sirve para la berajá de los cuatro minim.

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