Tefilín hechos de cuero de toros primogénitos


Página 76:a - "Shejitá sheená reuyá".


Como es sabido, está prohibido derivar placer de un primogénito de un animal tahor perteneciente a un judío.


Mientras hubo Bet Hamikdash, este primogénito se sacrificaba en el altar. En la actualidad, el animal puede aprovecharse únicamente si nace con un defecto o es adquirido después de su nacimiento, debido a que en tal caso no es apto para ser sacrificado.


Según la Torá, incluso que alguien le provoque un defecto adrede, el animal estará permitido y se puede derivar placer de él (mutar behanaá) (ver Shaj, Yoré Deá, 313, seif katán-2).


No obstante, jajamím multaron a sus dueños, prohibiéndoles aprovechar este toro mientras no se produzca un nuevo defecto en forma natural (Shuljan Aruj, Ibíd.- 1). Asimismo jazal decretó que un primogénito que tiene un defecto importante (por ejemplo que le falte una pierna, o que hay perdido uno de sus ojos) no hay que sacrificarlo, a menos que haya tres jajamím que autoricen hacerlo; y si alguien lo sacrifica sin la autorización de estos tres expertos, jajamím le multaron con no poder gozar de la carne de este animal (Shuljan Aruj, Ibíd., 310:1).


Resumiendo, si alguien sacrificó (shajat) un primogénito defectuoso, está prohibido gozar de él, y esto, mideoraytá y miderabanán. Mideoraytá, por el hecho de que tiene el din de todos sacrificios que fueron sacrificados fuera del Bet Hamikdash, que está prohibido gozar de ellos (asur behanaá). Y miderabanán, porque decretaron la prohibición de derivar beneficio de un primogénito defectuoso que fue sacrificado sin el consentimiento del jajám.


Estos dinim se aplican incluso hoy, puesto que es halajá lemoshé misinaí que los tefilín (batei tefilín), al igual que sus correas, se fabriquen únicamente utilizando piel de un animal puro (Shuljan Aruj, Ohr HaJaiim, 32:37). En la práctica los tefilín se fabrican con la piel de la cabeza del animal. No obstante, la disponibilidad de pieles de animales que fueron sacrificados en mataderos donde no matan primogénitos es muy inferior a la elevada demanda de tefilín existente. En consecuencia, los grandes poseif katánim fueron consultados acerca de si es que hay lugar a permitir el uso de pieles cuando no se tiene certeza que no sean pieles de un primogénito.


Para darnos cuenta de la gravedad del problema, hemos hablado con el GaónRabí Yossef Efrati shlita, quien nos ha dicho que el problema es incluso mayor delo que uno pensaría, ya que el promedio de nacimientos de un animal es de 3.3 becerros. Un simple cálculo demuestra que un sexto de los animales sacrificados efectivamente son machos primogénitos (nota: no estamos explicando aquí como funciona el cálculo).


Hubo, pues, quienes quisieron permitir pieles sin tener la seguridad de que no provienen de primogénitos. De acuerdo al Tosafot en nuestra suguiá (dibur hamatjil‘shejitá sheéná reuyá’) –según parece de sus palabras– el sacrificio de un primogénito difiere de todos los demás sacrificios en que tras su shejitá fuera del Bet Hamikdash, ya no es considerado un sacrificio, es decir, tras sacrificar un animal primogénito, incluso que no esté permitido hacerlo, no tendrá la kedushá de un sacrificio común(si el primogénito permaneciera en su status de kedushá, su din sería el clásico sfeka deorayta lejumra). Lo que nos queda en la mano después de todo esto es simplemente la multa que los jajamím imponen al dueño del animal. Y puesto que tenemos ninguna información(es decir, cuando no sabemos si este animal es es primogénito o no) hay que aligerar su din, ya que sfeka derabanán lekula.


No obstante, la mayoría de los poseif katánim no se apoyan en este razonamiento,porque según lo que opinan incluso los tosafot sostienen que el din de un primogénito que fue sacrificado es el mismo que el de todos los sacrificios, por lo que la shejitá no anula su kedushá (ver Sedé Jemed, sexta parte, maarejet bejor behemá, seif katán-5, y Shut Meshiv Davar, 71).


El número de serie grabado en la oreja de la vaca según la halajá: Uno de los argumentos más interesantes que fueron ofrecidos para permitir el uso de estas pieles, se basa en el hecho de que según la ley, en la cada cabeza de cada ejemplarse coloca un número de serie, el que cuelga en su oreja de un orificio de 8 por 5mm. Esto determina que todos los animales sean considerados defectuosos, por lo que en la actualidad no existe ningún primogénito perfecto. A pesar del “gran descubrimiento”, este argumento no bastó para permitir el uso de las pieles. Ya que según el cálculo halájico (que no vamos a detallar aquí), el tamaño de este orificio en la oreja del animal no es lo suficientemente grande para calificarlo como defectuoso y, en consecuencia, no-apto para ser sacrificado (Shut, Minjat Yitsjak, novena parte-107).


En nuestros días, efectivamente, cuando un judío yeré shamayim adquiere un par de tefilín, debe verificar –fuera de la calidad de éstos, la calidad de las parashiyot y otros detalles que deben tomarse en cuenta– que la piel que utilizada para fabricar estos tefilín y sus correas, no provengan, jalila, de un ejemplar primogénito.


En nuestros días existe mucha actividad en este campo, la que es llevada a cabo por el Instituto de Investigación Agrícola Según la Halajá, el cual funciona con la aprobación de los grandes poseif katánim a fin de minimizar este inconveniente. Los representantes de este instituto se ocupan de que muchos propietarios de ganado firmen un contrato de venta a un goy, en donde éste compra la tráquea y el esófago de aquellas hembras que aún nunca dieron a luz. Esto permite que el primogénito no tenga ninguna kedushá, siendo que su propiedad no es sólo de un judío.

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