Las mitzvot no se consideran medicamentos


Página 38:a - “Raá vayater goyim”.


Los goyim han perdido el mayor mérito que algún ser humano pueda desear: la recompensa por el cumplimiento de las mitsvot de Hashem.


La guemará en nuestra suguiá nos cuenta que cuando fue obvio que las naciones del mundo no iban a respetar los siete preceptos dados a los hijos de Noaj, D-os “decidió” que de aquí en más, aunque las respeten su recompensa será como la de alguien sheenó metsuvé veosé, y no como la de un metsuvé veosé (que es infinitamente mayor).


¿Qué recompensa perdieron las naciones? El Natsiv (Haamek Davar, al principio de Bejukotay) explica que la recompensa por las mitsvot no tiene nada que ver con el pago que alguien recibe por un trabajo. La recompensa por el cumplimiento de una mitsvá es un ascenso a un nivel espiritual superior, en donde la persona obtiene el increíble zejut de acercarse al Creador y de gozar del esplendor Divino. El Natsiv compara esto a una persona que está tomando un medicamento según las instrucciones de su médico, donde su curación obviamente no es una recompensa por haber obedecido a su médico, sino un resultado natural del efecto del medicamento en su cuerpo. Lo mismo una mitsvá, cuya naturaleza es elevar el nivel espiritual de la persona. Esta recompensa no fue la que perdieron las naciones, ya que, como dijimos, ésta es el resultado natural del cumplimiento de la mitsvá (pues así está “configurada” la naturaleza espiritual de las mitzvot de D-os)


No obstante, hay otra recompensa, que está exclusivamente guardada para quienes cumplen los mandamientos de Hashem, aquellos que mantienen el mundo por el mero hecho de cumplir los mandamientos de Aquel por Cuya palabra el mundo fue creado. Y, sigue el Natsiv explicando, éste es el mérito que perdieron las naciones. Pues el Creador “decidió” que el mundo se mantendrá únicamente por el mérito del pueblo de Israel. En consecuencia, los judíos son los merecedores exclusivos de la recompensa de que el mundo exista... Pero en lo que respecta a las demás naciones, siendo que la existencia del mundo no se apoya sobre ellos, no gozan de esta recompensa.


“Tsadik” que vendió sus mitsvot: En su obra Meshiv Davar (Shut tercer volumen, 14), el Natsiv nos cuenta acerca de un encuentro entre dos judíos, en el que uno se presentó como gran tsadik, poseedor de copiosos méritos, mientras que el otro era un hombre ingenuo y temeroso de D-os. El “tsadik” le ofreció venderle al segundo todos sus méritos por la “módica suma” de 22.000 rublos, lo que el judío ingenuo aceptó. Después de algunos días el comprador se dirigió a un gran jajám, quien decidió preguntar en un sueño (sheelat jalom) para averiguar sobre el asunto, donde le fue revelado que este supuesto tsadik no era diferente a cualquier otra persona, y que su lista de méritos no era larga en absoluto...


A raíz de esto el comprador quiso anular la venta. Pero este “tsadik” exigió con toda autoridad que el comprador le pagara el dinero prometido.


En primer lugar el Natsiv regañó severamente a este gran “tsadik” que vendió sus méritos, pues al hacerlo demostraba que no apreciaba demasiado el valor de su mundo espiritual. Y luego dictaminó que una venta de mitsvot que ya fueron cumplidas es inválida, ya que la recompensa de la mitsvá es una consecuencia natural de su cumplimiento. Y, siendo así, sólo beneficia a quien la llevó a cabo. A su vez, la persona que compró la recompensa de estas mitsvot es comparable a un enfermo que firma un contrato con una persona que goza de buena salud, para que se tome un medicamento en su lugar… (Es cierto que de todos modos aún está la recompensa por mantener el mundo; pero tenemos una regla en el Talmud según la cual “no existe una venta a medias” –en mejirá lejatasain. Y puesto que la venta de la recompensa natural no recae –lo jala–, la transacción entera pasa a quedar anulada).


Traspaso de pertenencia por pecados: Un caso opuesto al precedente, de una persona que adquirió los pecados de su compañero, encontramos en el Maharsham (Shut tercer volumen, 151), cuando un judío aceptó adquirir los pecados de su compañero por 30 rublos, aunque antes de entregar el dinero había declarado ante testigos que en realidad bromeaba y que no estaba intentando comprar los pecados de su compañero. No obstante, el Maharsham le advirtió que al hacer esto merecía un castigo y el pago de una multa, debido a que al mostrarse como alguien que ignora la gravedad de la realidad de castigo y recompensa Divinos (siendo que en su broma estaba aceptando adquirir los castigos de su compañero) estaba profanando el shem shamayim.

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