Ebrio descontrolado durante la celebración de una boda


Página 26:A - “adam muad leolam”.


Durante una alegre fiesta de bodas, uno de los participantes había bebido una enorme cantidad de alcohol. El hombre tomó un vaso de cristal y lo estrelló contra la pared, lo que provocó que uno de los participantes resultara herido por un trozo de vidrio. Un examen médico concluyó que el cristal le había dañado el ojo y que le causaría ceguera. El herido, pues, exigió su indemnización. No obstante, el judío acusado del daño se preocupó de preparar varios argumentos en su defensa: A. en la mishná (87:A) está explicado que un shoté que dañó está exento de pagar; y un borracho no es diferente que un shoté. B. ya que la costumbre es de romper vasos en fiestas de bodas, él tenía permiso de hacerlo; y quien hace un acto con permiso, está exento de pago (Tosafot, 4:a). C. está dicho (Shuljan Aruj, Ohr HaJaiim, 695, Ramá, 2) que quien daña (en forma involuntaria, obviamente) como resultado de una expresión de alegría, está exento de pagar. A la luz de todas estos argumentos, el “ebrio ahora sobrio” solicitó que la demanda que le hacían no fuera tomada en cuenta.


No obstante, el Baj (Shut, 62) reflexionó sobre el tema y decidió que igualmente debía pagar, por las siguientes razones:


A. Es cierto que cuando alguien está ebrio como en el caso de Lot, está exento del cumplimiento de las mitsvot, al igual que un shoté. Sin embargo, ello no significa que no sea responsable por los daños que cause. Ya que nuestras suguiá deja claro que incluso quien está durmiendo es responsable por los daños que provoca; con más razón tratándose de alguien que se emborrachó, debido a que él fue quien se provocó llegar a esta situación.

B. es cierto que en algunas comunidades se acostumbra a romper vasos en las celebraciones de bodas; no obstante ello debe hacerse con cautela y moderación, procurando no causarle daño a nadie. Pero de aquí a decir que la persona tiene permiso de estrellar un vaso contra una pared en esta forma, hay un largo camino.

C. es cierto que quien daña como resultado de estar bajo la influencia de un estado de alegría y sin ninguna mala intención está exento. Sin embargo, esto vale cuando se trata de un daño no tan relevante, debido a que la gente acostumbraba a perdonar cuando todo ocurrió a causa de una expresión de alegría. Pero un daño tan terrible como la ceguera es seguro que nadie lo perdonará.

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