¿Hay mitsvá de enterrar el cadáver de un hombre calcinado?


Página 16:b - "y esto es únicamente si nos prosternamos al llegar a modim".


Los Tosafot de nuestra suguiá (dibur hamatjil "vehu deló") citan lo dicho en el midrash (Bereshit Rabbá 28-3) acerca de que en la columna vertebral de los seres humanos hay un hueso llamado naskuyi.


Si el hombre merece levantare en la resurrección de los muertos, su reconstitución física comenzará a partir de este hueso.


Aparentemente se trata de una pieza ósea bastante dura. El midrash cuenta que Adrianus, César de Roma, intentó destruir este mismo hueso echándolo dentro de un molino, poniéndolo al fuego y manteniéndolo mucho tiempo bajo el agua, sin resultado alguno. También le pegó con un martillo muy pesado: el martillo se rompió... ¡y el hueso quedó intacto!


¿Para quién se hace la seudá de melavé malká? El Bet Yossef (Or HaJaim, 300, seif katan 1), citando a nuestros antiguos sabios, dice que este hueso, el naskuyi, no se nutre de aquello con lo que el hombre normalmente se alimenta, sino únicamente de lo que come en la seudá de melavé malká a la salida del shabat. A partir de esto –explica el Jatám Sofer (Shut segunda parte, Yoré Deá, 337)– puede comprenderse por qué este hueso queda intacto incluso tras la desaparición total del cuerpo: no gozó de la transgresión de Adam Harishon al comer del ets hadaát (Adam comió del ests hadaát antes de shabat; y este hueso sólo se nutre de lo que se come después de shabat). Y, siendo así, no fue incluido en la maldición que dice "y volverás a ser tierra" (Bereshit, 3:19)… El Kaf Hajaim (311, seif katan 8 citando el Zohar Hakadosh y las palabras del Ari z"l) amplía el asunto y dice que en este hueso se aloja el alma para el mundo venidero. El hecho de que este hueso nunca desaparezca tiene una repercusión halájica:


Pésaj shení a causa del niskuyi: La guemará (Sucá, 25:b) cita una opinión que establece que el segundo Pésaj fue decretado para Mishael y Eltsafán, quienes perdieron su pureza (nitmeú) al ocuparse del entierro de Nadav y Avihú (quienes murieron calcinados). Muchos comentaristas preguntan: según quienes opinan que Nadav y Avihú (Sanhedrín 52:a) se calcinaron totalmente, ¿de qué nitmeú para que quienes se ocuparon de enterrarlos se impurificaran? Pues, como sabemos, la ceniza no transmite impureza. El Paanaj derazá (Bamidbar, 17-52) responde que aunque es cierto que se calcinaron, este hueso permaneció intacto. Y éste precisamente fue lo que causó la impureza de quienes se ocuparon de su entierro (Ver Tosafot, Ibíd.).


Y, efectivamente, el Lejem hapanim escribe que si alguien fue calcinado (D-os nos salve) hay que hacer todo lo posible por recoger lo que quedó y enterrarlo, debido a que éste hueso queda intacto (ver la obra Sheilat Yaabets, segundo volumen 169, que discrepa).

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