¿Se puede participar en la celebración del día de acción de gracias?


Página 61:a - "y sirvieron alimentos salados en mesas de oro y comieron".


El cuarto jueves del mes de noviembre de cada año, los residentes de los Estados Unidos celebran el Día de Acción de Gracias (Thanksgiving Day).


Dado que no muchos conocen el origen de esta festividad, el Gaón Rebi Moshé Fainshtein Zts”l debió ocuparse de investigar las raíces de la misma, a efectos de averiguar si un judío tiene permiso de participar en su celebración.


Unos 150 años antes de la declaración de independencia de los Estados Unidos (1621 de la era común), cuando empezó el movimiento migratorio rumbo a América, varios de los inmigrantes se instalaron en la localidad de Plymouth. Cierto día pasó que algunos de estos pioneros se quedaron sin víveres y estaban a punto de morir de hambre. Finalmente fueron salvados por algunos indios, quienes les enseñaron cómo procurarse alimentos. Los inmigrantes, que quisieron agradecerles por salvarles la vida, les organizaron un festín de agradecimiento. Cuando llegaron los invitados, sus anfitriones se vieron en aprietos, ya que no esperaban que los indios acudirían con todos sus familiares, y no habían preparado comida para tanta gente. De pronto, a distancia, vieron una bandada de pavos saludables y bien alimentados, los que, obviamente, acabaron convirtiéndose en el festín de todos los concurrentes. A fin de rememorar este evento, los americanos decretaron una ley especial, según la cual, el último jueves de noviembre de cada año se celebraría una fiesta de agradecimiento nacional. Esta jornada es celebrada religiosamente por los estadounidenses y, claro está, el plato principal es el pavo.


Como vemos, esta festividad no guarda relación con ninguna religión, y sólo se trata de una simple fiesta nacional. Y, por lo tanto, algunos judíos preguntaron si existía alguna prohibición de participar en la misma. A fin de responder esta pregunta, el autor del Iguerot Moshé (YO”D cuarto volumen-12) cita nuestra guemará, donde se cuenta que el rey Yanai había conquistado 60 ciudades, por lo que organizó un festín de agradecimiento a D-os. En este festín participaron grandes sabios del pueblo judío, por lo que, a primera vista, no habría ninguna objeción de participar en una celebración de esta índole.


No obstante, el Rab Moshé Fainshtein Zts”l explica que una cosa es que alguien fije un festín para agradecer a D-os por un milagro que le ocurrió a él en forma particular y, otra muy distinta, decretar una festividad para las generaciones futuras. Ya que está claro que un miembro de una familia o de una ciudad que fue salvado a través de un milagro, tiene permiso de establecer ese día como una fecha especial de regocijo y agradecimiento a D-os. Y para remarcar ese milagro, puede establecer como costumbre que sus hijos y sus descendientes celebren ese día como el mismo día de Purim (Maguen Avraham O”J, 686, sk 5).

En cambio, está prohibido establecer una fiesta anual que toda una nación deba celebrar, como explica el Rambán sobre él versículo (Devarim, 4:2): “y no añadirán a lo que Yo les he ordenado”.De este versículo aprendemos que está prohibido añadir festividades fijadas por el ser humano. Por lo tanto, el Rab Moshe Fainstein dictaminó que está prohibido participar en esas fiestas en forma habitual, debido a que da la impresión de que estuviéramos celebrando una nueva festividad que nosotros mismos fijamos.Asimismo, dictaminó que es recomendable abstenerse de participar incluso una única vez, ya que según el Ramá (YO”D, 178:1) la participación en costumbres que goyim establecieron y que no tienen una razón justificada, cae dentro de la prohibición de andar por los caminos de las naciones (halijá bedarké haemorí). Y el que una nación entera celebre la salvación de un puñado de personas hace centenares de años,incluso que la declaración de independencia de los Estados Unidos no esté basada ni dependa de este evento, es sencillamente ridícula.


Esta ridiculez resulta aún más evidente si consideramos que, en realidad, continuamente ocurren un montón de eventos, tristes y alegres por igual, sin que nadie les preste la menor atención. Por lo tanto, esta costumbre no es sino una práctica carente de sentido (minhag shetut),por lo que nosotros, los judíos, no debemos participar en ella.

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