La venta de la ciudad de París


En nuestra guemará Rav y Shemuel discuten cómo abordar el caso de alguien que tras darle una moneda a su hermana le dice, "Haré at mekudeshet li bematbea ze kedat Moshé veIsrael” (“he aquí que estas dedicada –casada– para mi/conmigo con esta moneda como estipula la ley de Moisés y de Israel”). La discusión se desarrolla sobre la base de que está claro para todos que no hay cabida a un matrimonio entre hermanos, por lo que es obvio que esta persona no le da la moneda a su hermana para casarse con ella. La discusión entre Rav y Shmuel es únicamente si la intención del hombre era dar la moneda como un obsequio o si lo la estaba poniendo en sus manos a modo de depósito (pikadón).

El Rámbam dictamina (ver Lejem mishne halajot zejiyá umataná 6-20) que cuando es obvio que el acto que el hombre procura hacer con ese dinero es imposible –como en nuestro caso–, entonces establecemos que seguramente su intención era obsequiar la moneda. Sin embargo, existen casos en donde la persona podrá pedir quele reembolsen el dinero, como ser cuando alguien adquiere un terreno de unladrón.

En tal caso, aunque la venta no tuvo efecto (siendo que el terreno no es del ladrón), el comprador puede reclamar su dinero. Obviamente, esto siempre que el comprador haya declarado que ignoraba que los objetos robados no pasan a la propiedad del ladrón y que –por tanto– al momento de la transacción creía que estaba comprando el terreno, de lo que resulta que nunca pensó dar el dinero como regalo.

El Ben Ish Jay usa esta lógica para resolver un caso curioso: Varios judíos conversaban sentados cómodamente cuando, para sorpresa de todos, uno se levanta pidiendo a su compañero que por favor le venda la ciudad de París por cinco dinarim. El “vendedor” aceptó y delante de todos los presentes (quienes oficiaban como testigos de la transacción) la venta es “llevada a cabo”: la ciudad de París estaba vendida y el afortunado “vendedor” se quedaba con las cinco piezas de oro. Unos instantes después el “comprador” exige su dinero de regreso explicando que, como es obvio, el “vendedor” no puede vender la ciudad de París: todo fue una broma y el dinero nunca dejó de pertenecerle. Sin embargo,el “vendedor” argumentó que aunque también él acepta que fue broma, es precisamente por esa razón que el dinero ahora le pertenece; pues ese fue el modo en el que el “vendedor” quiso regalarle las cinco monedas de oro.

Los litigantes vinieron delante del Ben Ish Jay (responsa Toráh Lishmá 361), quien dictaminó que efectivamente el dinero pertenece al “vendedor”, pues el caso se parece al que estudiamos antes donde también allí se procuraba realizar un acto imposible. Y lo que allí mencionamos fue que en tales casos decimos que lo que la persona quiso hacer era dar un regalo. Por lo tanto, dado que también aquí el“comprador” sabía que París no pertenece al “vendedor", lo único que podemos decir es que al “pagar” sus cinco monedas lo que está haciendo no era sino darlas de regalo.

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