El auto está atascado en las vías...

¡¡y el tren empieza a acercarse!!

Gabriel no consigue mover su auto de las vías...y ya se podía oír el sonido del tren acercándose.

 

Rápidamente sacó a su familia del vehículo y se alejó a una distancia segura, donde se detuvo para contemplar por última vez su auto. De pronto ocurrió algo inesperado: apareció un hombre que corrió hacia el automóvil y, con gran ingenio, pudo sacarlo de los rieles segundos antes de que el tren pasara. Gabriel no podía creer el milagro. Inmediatamente se acercó a aquel "enviado del Cielo" y le dijo:"¡No sé cómo agradecerte!"

 

La sorpresiva respuesta de David fue: "En realidad soy yo quien tiene que agradecer. Observé cómo te alejaste del auto con tu familia y te detuviste a ver cómo el tren lo hacía añicos. Tú lo diste por perdido y simplemente lo abandonaste. Y yo fui y tomé un auto que ya no tenía dueño". A Gabriel le tomó algunos segundos salir de la nueva impresión y "digerir" lo que sus oídos escuchaban. Cuando entendió lo que estaba ocurriendo, su respuesta fue clara y tajante: "Amigo, creo que estás confundido".

 

"No hay nada nuevo bajo el sol" dice el rey Salomón. Y tampoco en nuestro caso. Veamos qué tiene para decirnos el Talmud:

 

Objetos que se lleva el mar

En el Tratado de Baba Kama (24a) está escrito que si alguien recoge una prenda que fue olvidada en la orilla del mar (no en cualquier parte, sino específicamente en donde la marea sube y barre con todo lo que encuentra), se la puede quedar para él. La razón de esto es que, en una situación como la explicada, cualquiera daría la prenda por perdida, la que se convierte en un objeto sin dueño.

 

Según esta idea, David puede quedarse con el auto que rescató de las vías, pues Gabriel simplemente huyó del vehículo y, convencido de que en contados segundos el tren lo convertiría en chatarra, lo dio por perdido. En otras palabras, Gabriel renunció por completo a la propiedad del auto, y este pasó a ser como cualquier objeto sin dueño que uno encuentra en la calle o cualquier otro lugar público. La acción posterior de David de rescatar el vehículo es igual a cuando alguien recoge una prenda olvidada junto a la orilla de un río que al crecer se lleva todo lo que está a su paso.

 

No obstante, aquí hay algo importante que aclarar. En su comentario al fragmento que citamos del Talmud, el Ramá (Joshen Mishpat 264) dice que si bien la persona que encuentra un objeto que el mar arrastrará se lo puede quedar, incluso si el dueño original grita desde lejos y le prohíbe tocarlo, de todos modos lo adecuado es comportarse en forma decorosa y devolver el objeto rescatado. En otras palabras: si bien desde el punto de vista estrictamente legal es cierto que el objeto le pertenece a quien lo rescató, en la práctica eso no va con el espíritu generoso y altruista que promueve la Torá (en la jerga del Talmud, esto es conocido como “no conducirse según la ley, sino más allá de la ley”).

 

Transferencia de propiedad

Gabriel y David acudieron a una autoridad rabínica que les dijo lo mismo que acabamos de explicar. David dejó muy claro que su elección era quedarse con el auto y que no iba a ceder a esa oportunidad. Gabriel sintió que estaba irremediablemente perdido, cuando de pronto se dio cuenta de que, para que David pudiera usar el auto, hacía falta ponerlo a su nombre, y entonces se le ocurrió no firmar la transferencia. Eso obviamente molestó a David, quien le reclamó: “Ya nos dijeron que el auto ahora es mío y por lo tanto tienes prohibido usarlo! ¿Por qué no habrías de ponerlo a mi nombre?” La respuesta de Gabriel era obvia: "Porque claramente oíste que lo correcto es que me lo devuelvas".

 

La cuestión llegó hasta R. Zilbershtein, y esta fue su respuesta:

 

De acuerdo a todas las opiniones del Talmud y los comentaristas, Gabriel no está obligado a hacer la transferencia del vehículo, pues lo cierto es que David mismo tenía el deber comportarse en forma decorosa y renunciar a su derecho de quedarse con el auto (como vimos que dictaminó el Ramá) y devolvérselo a su dueño. Pero ya que David escogió ignorar el espíritu altruista de la Torá de comportarse en forma recta y decorosa, entonces ahora David no tiene ningún deber ni mitzvá de esforzarse para beneficiar a alguien que muestra una actitud de rebelión contra la Torá.

 

Lo que resulta de esto es que si David se queda con el auto, este simplemente permanecerá depositado en su propiedad y nadie podrá usarlo (Gabriel, porque no es más suyo, y David, porque no lo tiene a su nombre). Siendo este el caso, la única solución es que David le devuelva el auto a Gabriel, pues, de no ser así, lo estaría reteniendo en su poder sin que nadie pueda usarlo. Y si aun así David se niega, la Torá permite recurrir a mecanismos que obliguen a David a devolver el auto, pues el Talmud dice que cuando una persona imita el comportamiento que caracterizaba a la antigua ciudad de Sdom (como en nuestro caso, que David retiene para sí un auto que ni él ni nadie puede usar, y que no le significará ningún esfuerzo o pérdida monetaria si le lo devuelve a Gabriel) está permitido forzarlo a realizar la acción que se niega a hacer.

 

De todas formas, hay dos cosas que de todas formas Gabriel debería pagarle a David: 

1. las piezas individuales que David podría haber vendido (pues, aunque no tenía forma de usar el auto por la negativa de Gabriel de firmarle la transferencia, al menos podría haber vendido las partes del vehículo que fueran útiles como repuesto).

2.el pago correspondiente por el esfuerzo de sacar el auto de las vías.

 

Conclusión

Desde el punto de vista puramente legal David podría quedarse con el auto. pero lo correcto es que se lo devuelva a Gabriel, y que este le pague por el servicio de haber movido el auto de las vías.

Y si la decisión de David es no devolverle el auto, entonces la solución sería así: dado que Gabriel no está obligado a firmarle la transferencia (lo que impide que David pueda usarlo), David no tendrá más remedio que regresar el vehículo, pues, como dijimos, se pueden ejercer mecanismos de presión para que las personas no imiten el comportamiento que caracterizaba a la antigua ciudad de Sdom. No obstante, Gabriel le deberá pagar a David el precio de las piezas del auto que podría haber vendido individualmente, y también el costo por el esfuerzo de moverlo de las vías. 

 

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Foto: PixaBay

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