¡Cuidado con el autostop! 

Un joven estaba haciendo autostop en una conocida intersección de Israel, y alguien se detuvo y le indicó que subiera.

El joven subió al vehículo y, después de algunos minutos, notó que el rostro del conductor estaba tenso y demasiado serio. Después de un largo e incómodo silencio, el joven intentó conversar con el hombre, y, cuando este habló, notó su acento era marcadamente árabe. Ya bastante nervioso, le preguntó de dónde era, y la respuesta fue: “De Gaza”… En la cabeza del joven, que iba sentado atrás, empezaron a revolotear historias de gente que por error había subido a vehículos de terroristas y la trágica suerte que corrieron. ¿Es posible que estuviera siendo raptado por un terrorista del Hamas? Fruto de la desesperación, abrió rápidamente la puerta del auto y, al mejor estilo Hollywood, se arrojó fuera y rodó violentamente. El joven sufrió heridas de importancia y fue trasladado de inmediato al hospital.

La pregunta

Por su parte, el conductor condujo rápidamente... ¡al tribunal rabínico! Allí contó esta misma historia, y agregó: “No soy árabe, sino judío. Fingí todo esto porque quería darle un susto a este joven, ya que muchos rabinos advirtieron no subir a vehículos de desconocidos. Jamás imaginé que se arrojaría del auto.” El hombre, después de dejar claro que se sentía hondamente acongojado por lo que había hecho, preguntó: “¿Debo ocuparme de los gastos médicos?"

Al margen de si el conductor debe pagar o no, aclaremos que si bien tuvo buenas intenciones, lo que hizo fue algo sumamente grave, pues, ¿alguien le pidió que se ocupara de educar a este joven? Y, sobre todo, su comportamiento es censurable considerando los medios tan riesgosos y extremos que usó para conseguir su objetivo.

Es apropiado mencionar aquí el conocido episodio de Janá, madre del profeta Shemuel, quien no podía concebir hijos, y Peniná, alguien cercana a ella, fingió ser su enemiga y la hacía sufrir, para que Jana se sintiera desdichada y rezara con más intensidad, pues sabía que de esa forma Dios oiría su rezo y le daría hijos. Pese a que Peniná quería mucho a Janá y que toda su actuación fue para ayudarla, a Dios le disgustó que la hiciera sufrir, y la vida de Peniná cayó en desgracia.

Qué dijeron los rabinos sobre el "rapto"

 Para entender la respuesta, explicaremos dos ideas bastante comunes en el Talmud:

1. jaiav midinei adam (lit: 'estar obligado o ser culpable de acuerdo a las leyes de los seres humanos'): es cuando una persona tiene el deber de pagar y el tribunal rabínico puede obligarlo a que cumpla con su deber.

2. jaiav midinei shamaim (lit.: 'estar obligado o ser culpable de acuerdo a las leyes de los cielos'): es cuando una persona tiene el deber de pagar, pero el tribunal rabínico no puede exigirle hacerlo (pero ante Dios la obligación sigue existiendo).

En el Tratado de Baba Kama (91) el Talmud dice que si alguien le grita en el oído a una persona y esta queda sorda, el agresor es jaiav midinei shamaim, pero no midinei adam, pues la sordera fue causada en forma indirecta. Expliquémoslo mejor: si una persona golpea violentamente con un hierro a otra en la cabeza, el golpe por sí solo causa todo el daño, y no importa si la cabeza de la víctima es más o menos resistente: un golpe de estas características siempre causará daño. Pero si uno le grita en el oído a otro, el grito por sí solo no basta para causar sordera, sino que esto dependerá de la sensibilidad de la víctima y de cuánto se sobresalte. Por eso, si bien el agresor tiene el deber de pagar, ningún tribunal rabínico puede exigir el pago por dejar sordo a alguien dándole un grito, ya que se considera un daño indirecto. En este caso, el agresor estará jaiav midinei shamaim, pero no midinei adam.

Y todo esto siempre y cuando el agresor no haya tocado a la víctima. Pero si el caso es que lo tomó con sus manos y le gritó en el oído, entonces jaiav midinei adam, pues desde el momento en que una persona causa daño usando sus manos, la agresión es considerada un daño directo.

Según lo explicado, a primera vista diríamos que el conductor está jaiav midinei shamaim.

Sin embargo, hay una gran diferencia entre el caso del conductor que asustó al joven y el caso del Talmud: la persona que quedó sorda por el grito en el oído se sobresaltó debido a un reflejo instintivo. En el caso del conductor, en cambio, la acción de asustar al joven no fue lo que lo dañó, sino más bien su interpretación de lo que estaba ocurriendo, lo que lo llevó a tomar la decisión de saltar. Según esto, el conductor debería estar totalmente exento de pago.

A pesar de este último razonamiento, el tribunal rabínico concluyó que el conductor igual debía pagar. ¿Por qué? Porque en el caso de alguien que queda sordo por un grito, el Talmud dice que las personas no necesariamente quedan sordas por eso, y aun así el agresor es considerado jaiav midinei shamaim. Siendo así, en el caso del conductor, en donde la acción de haber saltado del auto fue una acción acertada, pues cualquier persona con sentido común habría hecho lo mismo, con mayor razón que el conductor será jaiav midinei shamaim.

Y, por lo tanto, el conductor debe pagar los daños físicos que sufrió el joven. 

¿Por qué el Talmud es tan desordenado? No te pierdas este artículo del que muchos ya están hablando.

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